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Diciembre es un buen mes. Los que trabajamos sabemos que se nos pasará más corto, que tendremos menos días de trabajo y que esos conflictos laborales con los compañeros se solucionarán con una cerveza bien fría en el bar de abajo. El ambiente es distinto. En la oficina es donde empezamos a ver brotar nuestros “nervios”: ¿tendremos cesta de Navidad? ¿Tendremos aguinaldo? ¿Tendremos cena de empresa? Conforme pasan los primeros días del mes comienza a brotar el “ansia”: ¡Que vengan ya las vacaciones! ¡Que sea ya la cena de empresa! ¡Que nos den ya la cesta de Navidad! Al final pasan los días y si no hemos tenido nada de lo esperado pasamos con resignación, que no con tristeza, el resto de días hasta llegar poco a poco al esperado día 22.

Quizás, desde que empezó el sorteo de Navidad, el día 22 es el día clave para todos los que trabajan. Ese es el primer día donde aparecen de nuevo los nervios, el ansia y además, la tristeza. Primero los nervios por el sorteo: ¿me tocará?, luego el ansia: ¡Que me toque!, y al final, la tristeza: ¡Joder, otro año sin que me toque!.

Lo que seguro que nos pone más nerviosos es preparar la cena de Nochebuena. Siempre surgen las mismas preguntas ¿donde cenaremos este año? ¿quién hará la carne? ¿quién traerá el vino? Hasta cierto momento de nuestra vida, quien se encarga de todos esos detalles es la matriarca de la familia, pero cuando ya es mayor o, en el peor de los casos, ya no está, son los hijos quien se deben de poner de acuerdo para ver a quién le toca poner la casa. En este momento es donde empiezan a medírselas para ver quien la tiene más grande. La casa, no seamos mal pensados. Tener una familia amplia implica contar con todos los hermanos, sus cónyuges, sus hijos y si son mayores, hasta con los novios o novias de estos. Al final, en ese comedor que mimas el resto del año, ese que siempre tienes cerrado a cal y canto, sin una mota de polvo, ese, es el que se convierte en un auténtico campo de batalla: comida por el suelo, niños corriendo, cuñados peleando y conversaciones donde todos tienen razón.

Para estos días compramos mantelería con motivos navideños, sacamos la cubertería buena y encendemos la chimenea, quien la tenga, claro. Llenamos la mesa de buenos platos. Los “nervios” de las compras días antes ya no existen, y ahora tenemos “ansia” por terminar, recoger, limpiar y descansar porque al día siguiente toca otra vez montarlo todo por Navidad.

Lo que no puede faltar en una vivienda en estas fechas es el Belén o el Árbol. Las luces de colores, tan modernas ahora que las hay hasta de LED, son las que crean ese ambiente festivo en las calles y como no, dentro de casa. ¿Cuando es el momento adecuado para montar el Belén o el Árbol? Podemos usar el sentido común. Quizás, el momento idóneo sea el 15 de Diciembre, pero realmente no hay una fecha fija establecida para decorar nuestra casa. Podemos usar como referencia los grandes supermercados, cuando empiezan a vender el turrón, a poner villancicos y a colgarle el gorrito de Papá Noel a sus empleados, aunque, a veces se adelantan tanto que llegará el día que lo hagan en agosto.

Pero como de un año a otro, nos olvidamos de la mayoría de cosas que nos suceden en estas fechas, de adelantamos unos consejos prácticos para sobrevivir a las fiestas de Navidad en Casa.

1. Busca un lugar amplio. El comedor que no sueles utilizar es el ideal, pero, ten en cuenta que los mayores querrán sentarse en un sillón justo cuando terminen.

2. Intenta guardar los elementos decorativos frágiles: con niños corriendo es fácil que alguno vaya al suelo y se rompa, aunque este momento es el ideal si quieres deshacerte de aquel elefante de cristal que te regaló tu cuñada cuando visitó la India.

3. Intenta proteger la mesa. Ya sea de cristal o de madera, poner un mantel lo suficientemente grueso hará que no se nos estropee con los golpes de los platos.

4. Intenta no tener el ambiente demasiado cargado. Con el frío que hace en el exterior y la calefacción en el interior podemos crear un efecto invernadero y cuando salgamos tendremos más opciones de coger un catarro.

5. Debes tener toda la comida preparada. Las grandes pausas entre platos harán que la velada se alargue más de lo normal. Por eso, que colaboren todos es algo fundamental.

6. El Árbol de Navidad o el Belén, sitúalo en un lugar apartado, en algún rincón. Las luces crearán un ambiente acogedor y hogareño.

Aunque parezca un lío monumental a todos nos gusta la Navidad. Lo importante de este momento es que los “nervios” que teníamos días antes, desaparecen. Nuestro familiar que esperábamos con “ansia” porque estaba en el extranjero trabajando y no veíamos desde verano, está sentado junto a nosotros y pasará unos días en casa. Nos reímos cuando nuestro cuñado se pelea con otro porque los dos quieren tener la razón sobre qué fue primero, si el huevo o la gallina. Miramos a otro lado y vemos el hueco que ocupaba el familiar que ya no está, y sentimos la “tristeza” y la añoranza de aquellos años en los que éramos nosotros los que correteábamos alrededor de la mesa.

Lo más importante es ver a la familia unida, tener la barriga llena y la casa en las mejores condiciones posibles. Al final, que se nos rompa ese elefante, nos dará igual. Sonreímos, porque, es Navidad.